Rubén Uría

El Madrid saca humo al saco en Amsterdam

Amsterdam, la ciudad de la Séptima, es ciudad fetiche para el madridismo. Su equipo, anoche, se dio un festín a costa de un Ajax para el que cualquier tiempo pasado fue mejor. El Real Madrid, organizado en retaguardia, bullicioso en todas sus líneas y eléctrico en la delantera, pudo haber hecho una carnicería en casa de un equipo de gloria pretérita y presente ruinoso. De aquel Ajax mítico del fútbol total, de su fútbol ofensivo y de su aroma a extremos y paredes, no queda absolutamente nada. El equipo de Frank De Boer fue una broma. Se sabía que su potencial está a años luz de cualquier versión del Real Madrid, pero su propuesta acabó convirtiendo a un tetracampeón de Europa en naderías. Fue aplastado por un Real Madrid superior que, de haber tenido puntería, habría podido firmar una goleada todavía más escandalosa en su ciudad fetiche. El único debe del equipo de Mourinho volvió a llegar a balón parado, en una desatención entre Casillas y Essien. Otra vez la pelota parada, para disgusto de Mou. Si no se corrige a tiempo, acabará siendo un mal endémico.  Esa fue la única anécdota negativa que de un partido redondo para los intereses del Real Madrid.

El equipo blanco, verde en Holanda, fue fiel a su estilo de siempre: seriedad, repliegue, trabajo y llegada. Fue un orfeón afinado. Esta vez no hubo apagones. Y por momentos, desplegó lo más granado de su repertorio: presión asfixiante arriba, robos sistemáticos de balón, compromiso en las ayudas, transiciones letales y contragolpes de manual. En lo colectivo, el Madrid hizo de peso pesado ante un peso paja. Le golpeó la mandíbula cómo y cuando quiso, sentándolo en la lona hasta cuatro veces. Parecieron pocas. Por momentos, fue un partido de niños contra hombres. Mucho Madrid, poco Ajax. En el apartado individual, más buenas noticias para el Madrid: Cristiano Ronaldo rubricó un hat-trick espectacular, Karim Benzema firmó un gol antológico de chilena, Marcelo se desató por su banda y Khedira, en estado de gracia, volvió a presentar su candidatura para la titularidad indiscutible. A esa receta hubo que añadir un ingrediente inesperado: Kaká. El brasileño, que ha gozado de una bula que para sí habrían querido otros jugadores, dejó una buena imagen.  Hay quien aún cree en la resurrección de Kaká. Y hay quien apuesta porque esto será el capítulo número 3.276 de su odisea particular. El tiempo dirá. Pero la  palabra clave, para Kaká y para el futbolista que quiera ser titular, siempre es actitud.

Antes del clásico, el Madrid le puso el ojo a la funerala a un sparring menor.  El equipo de Mou fue una apisonadora. El Ajax, a su lado, pareció el camión de la basura. Todo fue un cúmulo de sensaciones positivas para el equipo madrisista: recuperó automatismos defensivos, ensayó la presión y volvió a demostrar su tremendo potencial cuando tiene espacios. Con Cristiano en plan ejecutor, con esa vena que más agrada al madridismo: menos tristeza y más dinamita, menos drama y más goles. En perspectiva, conviene atender a los números del Real Madrid en esta Champions. En dos partidos en el denominado 'grupo de la muerte', ha logrado dos victorias y ha demostrado un poderío realizador notable: siete tantos en dos encuentros.  Al partido del Camp Nou llegará sabiendo que sólo le vale una victoria para recortar distancia con el Barça, pero el Real Madrid está intentando rearmarse. Sus armas empiezan son tan definitivas como reconocibles: solidez, presión y pegada. En Amsterdam, el Madrid fue uno de esos boxeadores que, en vísperas por un combate de pesos pesados, sacó humo al saco.

Rubén Uría / Eurosport

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