Rubén Uría

Manolo ‘el despedido’ y ‘Míster Excusas’

'Ánimo Abidal' y 'Recupérate pronto Muamba'. Esos fueron los señoriales mensajes que el Real Madrid lució en sus camisetas. Un gesto a la altura de su heráldica y sus valores, propio de un club cuya grandeza consiste en esta tipo de iniciativas, que engrandecen su leyenda, por encima de nombres propios, intereses personales y salidas de tono. Al elogiable gesto le sucedió el primer tiempo. Más 'light' que de costumbre, sin su energía volcánica habitual, el Madrid cedió terreno y balón al Málaga. Los de Pellegrini aceptaron el envite. Con más posesión y mejor manejo de la pelota, el equipo malacitano sometió al local a un rato en la silla del dentista. Con el contragolpe como fin y no como recurso, el Real Madrid dio la réplica. Cristiano Ronaldo prendió la mecha: aceleró, aglutinó la presencia de tres zagueros a su alrededor y descargó un pase magistral sobre Benzema, que descorchó el encuentro. El Málaga ponía el fútbol. El Madrid, el gol. Práctico, que nunca brillante, el Madrid alcanzó el descanso con la sonrisa dibujada en el rostro. Había encontrado el gol por los vericuetos de la calidad de su estrellas, pero le había fallado el juego colectivo.

En el segundo acto, con idéntico desorden pero con redoblada energía, el Madrid merodeó la sentencia para liquidar al rival. Siempre al espacio, Cristiano se echó el equipo a la espalda. Caballero le sacó un mano a mano, Benzema marró un tanto cantado y Özil, que dejó detalles de su gran clase, pudo hacer el segundo. El Málaga, ya sin Isco pero aún alumbrado por Cazorla, tuvo menos empaque, menos llegada y menos aire para pleitear con el Madrid. Pero en el alargue, Granero demostró que no ha nacido para pegar- porque además, no sabe disimular- y cometió una falta en el balcón del área. Suficiente para que SantiCazorla, otro pequeño gran hombre que sólo habla futbolés, hiciera un 'Xavi'. Su bota dibujó una paloma que, con una parábola y una rosca diabólica, se coló por el ángulo. Casillas, para el que nada es imposible, no pudo llegar a la escuadra. Caprichos del destino. Cuando merecía marcar el Málaga lo hizo el Madrid. Y viceversa. Justicia poética.

Manolo Pellegrini se fue pensando que, siendo entrenador merengue y tras un empate ante el Málaga, fue premiado con una portada que rezaba 'Manolo, estás despedido'. Anoche, con él entrenando al Málaga, empató al Madrid en su casa, con una propuesta sin miedos y cautelas. No es poca cosa. Un 'Manolo, estás readmitido', en justo desagravio, habría sido necesario. De postre, turno para 'Míster Excusas'. Lejos de estar feliz porque 'los de detrás de la portería' animaron como si fuera la final de la Champions - Hola Fondo Norte, Hola Fondo Sur- adoptó un discurso milimétrico. De entrada hizo un 'Freixa' (el árbitro ha tenido dos errores muy grandes, no ha hecho bien su trabajo, pero no le estoy criticando), luego se marcó un 'Pep' (no puso el acento no en su falta de gol ante el Málaga, sino que bendijo el rosario de goles de su equipo durante el año) y cerró su aparición haciendo un 'Magoo', un ejercicio de vista selectiva (si las jugadas polémicas son en contra se aconseja padecer miopía, pero si son a favor se lleva tener vista de lince). ¿Por qué?

El horizonte. Al empate imprevisto del Madrid se añade que el Barça recobra las constantes vitales de su mejor versión. Una coincidencia dispara las cábalas. Podría ser atenuante el depósito de gasolina vacío y un primer tiempo manifiestamente mejorable, pero eso no puede ensombrecer la realidad del campeonato, donde el Madrid ha sido el más fuerte y el más regular. De ahí su colchón, ocho puntos. Una renta que no es definitiva, pero es muy seria. El último resultado podría confundir e invitar a pensar que el Madrid flojea, que juega mal y que el trabajo de su entrenador no sirve. Error. El Madrid ha jugado de manera espectacular hasta hace tres partidos, mantiene su vigor competitivo y su técnico está haciendo un trabajo impecable. Anoche, por su falta de pegada, tuvo un resbalón inesperado, pero eso no ensucia una temporada inmaculada. No pueden existir dudas sobre eso. La duda es mal lugar para permanecer demasiado tiempo.

Rubén Uría / Eurosport

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