Rubén Uría

Mourinho, tercer asalto

José Mourinho, siempre feliz en el primer plano de los focos a pesar del desgaste de su imagen, se encuentra ante su tercer desafío en el Bernabéu. En su primer año, llegó para recortar distancias con el Barça, probó casi todo y no le salió casi nada.  Su botín fue la Copa. Un título ansiado por el madridismo, pero menor comparado con los logros de los de Guardiola. En el segundo asalto, tras repetirse como un mantra que sus segundos años son mejores que los primeros, consiguió recortar distancias con  el Barça, le arrebató una Liga firmando una temporada colosal y se quedó en puertas de cerrar el curso con matrícula de honor, cediendo en semifinales de Champions. Ahora Mourinho afronta su tercer reto, quizá el definitivo, lograr que su tercer año mejore al segundo. Esa progresión geométrica, en clave de títulos, pasa por la conquista de La Décima.  Esa es la meta de su tercer asalto.

Hasta la fecha, el aval de Mou consiste en dos títulos que, a tenor del pedigrí del club que le paga, no parecen suficientes como para calificar de brillante su etapa. Sin embargo, esos éxitos se han conseguido ante el mejor Barça de todos los tiempos, algo que conviene valorar. Su equipo arrancó una Copa y una Liga al, posiblemente, mejor equipo de todos los tiempos. Lo hizo en un particular viaje, con espinas y rosas, con un punto de encuentro común entre fatalidad y éxito, el Camp Nou. En ese escenario fue humillado sin compasión y en ese mismo lugar ganó con autoridad una Liga. El Madrid, un equipo de autor por obra de Mou, en lo bueno y en lo malo, se ha consolidado como  un conjunto intenso, potente, con pegada y piel del diablo. Capaz de presentar batalla a un Barça que, ahora tutelado por Tito Vilanova, sigue siendo la referencia obligada.

Madrid y Barça apuran el verano sabiendo que su equilibrio de fuerzas podría romperse en los fichajes. La teoría apunta que acertar con los refuerzos sería un paso hacia adelante, mientras que errar sería un lastre casi insalvable para uno de los dos gigantes. Sin embargo, la práctica desmiente esa teoría en el caso de Mou. En su primer año, invirtió 90 millones en Carvalho, Di María, Özil, Khedira, Pedro León, Canales y Adebayor. El resultado fue tenue: una Copa. En cambio, en su segundo curso en el Bernabéu, el club invirtió 55 millones en cuatro adquisiciones: Coentrao, Altintop, Sahin y Varanne. Cuatro elecciones personales de Mou que, lejos de la titularidad, tuvieron una participación residual. Curioso: el primer año fichó mucho, muchos fueron clave y el equipo ganó menos de lo esperado; y en el segundo, fichó poco, sus apuestas jugaron aún menos y el equipo, sin su concurso, ganó mucho más. Con el Barça descubriendo la vida sin Pep, está por ver qué dirección tomará Mou en su tercer año: austeridad o inversión, esa es la cuestión.

Rubén Uría / Eurosport

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