Rubén Uría

Su nombre es Luka

'Me ilusiona enormemente jugar en el Barça. Haré todo lo que pueda para que sueño se convierta en realidad'. Eran palabras de Luka Modric, una emergente estrella del fútbol croata en enero de 2008. Actuaba en el Dinamo de Zagreb, estaba en plena efervescencia, la secretaría técnica del Barcelona le seguía de cerca, se había tirado varias fotografías con la camiseta de Johan Cruyff - con el que guarda un parecido asombroso- y parecía estar muy cerca de aterrizar en el Camp Nou. A Luka siempre le atrajo el Barça. Incluso un año antes del interés culé, cuando acudió a presenciar, de incógnito, el derbi catalán, junto a su entonces novia Vanja. Visitó el museo y la tienda del club culé y quedó impresionado por sus instalaciones. Meses después, la prensa catalana aireó el interés del Barça en el croata. El jugador fue asesorado por Robert Prosinecki, que formaba parte del staff de la Federación Croata, y también de Vucevic, ex canterano culé que integraba el departamento de 'scouting' de la selección ajedrezada. Joan Laporta manejaba excelentes informes de Modric, pero delegó su fichaje en las gestiones de Marc Ingla y de Txiki Begiristain.

El jugador recibió ofertas de Chelsea y Manchester United, pero pidió al presidente del Dinamo, Zravko Mamic, que esperase una oferta del Barça. Pero esa oferta nunca llegó. Sí, hubo entrevistas al jugador dejándose querer. Y sí, hubo fotos del jugador con la elástica azulgrana. Pero a pesar de estar convencido de su gran calidad, el Barça acabaría desechando a Modric por caro, negándose a pagar lo que los croatas pedían. Harto de no recibir una llamada telefónica del presidente del Barça, Mamic decidió escuchar al Tottenham. En abril de 2008, los spurs firmaban a Luka Modric por cinco temporadas, previo pago de 26 millones de euros. Daniel Levy, presidente del Tottenham, ofreció tres millones de euros más que la mejor oferta que se hubiese hecho por Modric. Al conocer la noticia, el jugador fue explícito: "Era una oferta irrechazable. Esperé todo lo que pude al Barça, pero nomovieron ficha y yo soy un profesional que debo mirar por mi futuro".

Hoy, cuatro años después de aquella historia frustrada con el Barça, el equipo al que quería ir y que acabó descartándolo por ser demasiado caro - 26 millones de euros-, Luka ha firmado con el Real Madrid. Aterriza en el Bernabéu por una cantidad cercana a los 42 millones de euros (37 fijos más 7 en conceptos de bonus variables). Una cifra que se acerca más a lo que Daniel Levy quería sacar por él que a lo que, en un principio, estaba dispuesto a pagar el Real Madrid. Modric, jugador de categoría y clase mundial, se incorpora con la ilusión de poder hacerse un hueco en un equipo que le necesita. Puede jugar en varias posiciones, siendo sustituto o complemento tanto de Xabi Alonso como de Mesut Özil. Tiene visión periférica, condiciones de gran pasador y llega como petición expresa de José Mourinho, que confía de manera ciega en que su llegada multiplicará los recursos del Real Madrid. Quería jugar en el Barça hace cuatro años, pero ahora está en el Madrid. Como Alves en su día o tantos otros, Luka Modric pudo vestir una camiseta y acabará vistiendo la del eterno rival a ese equipo. Así es la vida. Así es la ley del mercado. Luka Modric, de padre croata y madre serbia, fue refugiado de guerra y se ha pasado toda la vida superando los desafíos, vitales y deportivos, a los que se ha enfrentado. Ahora su reto es el Madrid. Su nombre es Luka: no vive en el segundo piso, como reza la letra de la famosa canción de Suzanne Vega, pero su calidad es incuestionable.

Rubén Uría / Eurosport

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