Rubén Uría

Cosas que pensar antes de jugar en Puerto Rico

Nuevo bolo con calzador para la selección española. El campeón del mundo y de Europa, en fechas poco indicadas, jugará frente a Puerto Rico, un rival de medio pelo, que nunca ha disputado un Mundial y del que tanto el periodismo como los propios seleccionados tienen escasas referencias. La razón del amistoso es poderosa:  los dos millones de euros que engordarán la buchaca de Angel María Villar, principal responsable de la conversión del mejor equipo del mundo en una caja registradora, de Tajikistán a Bután, dedicada a saciar el afán recaudatorio de quienes no juegan, pero se jactan de ser más importantes que quienes lo hacen. La estrella en el pecho de España se ha convertido en un negocio rodante para una Federación que presume de títulos y futbolistas por cualquier confín del mundo, a cambio de un buen puñado de euros.  En un plano secundario aparecen los criterios deportivos, estrangulados por esos números que Villar debe cuadrar para que sus cuentas no vuelvan a ser ese rosario de la aurora que en su día destapó el Tribunal de Cuentas.

No parece importarle a nadie que España apenas tenga rodaje, ni que los internacionales lleguen con las piernas entumecidas y después de un viaje agotador. Ni siquiera parece relevante el hecho de que este simulacro se produzca a solo tres días del inicio de la Liga y a siete de la disputa de la Supercopa de España. La Federación se cura en salud: las fechas no han sido elección suya, sino de la FIFA. Aquí paz y después, gloria. Como si el prestigio de nuestro fútbol no mereciese un esfuerzo a la hora de gestionar y modificar un partido inadecuado. Vicente del Bosque y sus jugadores no están demasiado felices. Saben que el marrón de Puerto Rico responde a más al amor por el euro que al principio de conservación de la mejor generación de nuestro fútbol. España afronta un partido con poco que ganar y mucho que perder.

En caso de presumible victoria, España habrá cumplido con el trámite, habrá derrotado a una selección sin pedigrí, que no aparece en el mapamundi de grandeza de este deporte y volverá a casa reafirmando que los que programan estos amistosos piensan en todo, menos en la salud de los deportistas. Por el contrario, en caso de sufrir un inesperado revés, España tendrá que enfrentarse de nuevo a esa vertiente crítica que espera a Del Bosque con la escopeta cargada a la vuelta de la esquina: volverán las oscuras golondrinas con la cantinela del España aburre y aparecerán los voceros del España está destrozando su prestigio. Vuelta al kilómetro cero. El de siempre. Ganar en Puerto Rico será cumplir con una obligación. No hacerlo será un balón de oxígeno para los trompeteros del apocalipsis, esos que eran felices con una España campeona del mundo de los amistosos y que dudan y sospechan de una España campeona del mundo en partidos oficiales.

Rubén Uría / Eurosport

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