Rubén Uría

Pobres Madrid y Barça

Qué lástima, están indefensos. Madrid y Barça apenas tienen derechos adquiridos. Cada día tienen que combatir con un sistema más injusto. Apenas perciben unos cien millones de euros más por derechos de televisión que el resto de competidores, sólo cuentan con un calendario programado a la carta para no quejarse después cuando sus caminos se crucen y de vez en cuando, en aras de rebajar la famosa tensión social, gozan de indultos a gusto del consumidor mientras el resto de clubes sí son castigados de manera ejemplar.  Florentino Pérez y Rosell deben estar que echan las muelas con un calendario elaborado para que sus jugadores no estén cansados si llegan a semifinales con una hoja de ruta consensuada para proteger sus intereses en vez de los del resto. Pobres. Ellos, que apenas tienen ventaja sobre los demás, en España y en Europa, ahora tienen que ver cómo el calendario se confecciona de manera exclusiva, para servir a sus propósitos.  Quizá para la temporada que viene,  Madrid y Barça, que andan a la greña en el campo pero que van de la mano en sus intereses económicos, puedan conseguir tener, al fin, algo de influencia, logrando que la Federación les consiga no sólo calendario e indultos, sino también árbitros a la carta. Todo se andará.

Ante la tremenda injusticia que suponen los escasos privilegios de madridistas y culés, preocupado por garantizar el juego limpio de la competición y salvaguardar el buen nombre de la competición, Ángel María Villar ha acudido al rescate. Con la misma dignidad que esos dictadores de república bananera a los que les nace la conciencia, el presidente de la Federación, magnánimo con el pobre pero durísimo con el rico, ha conjugado el verbo indultar. No habrá castigo para ese dechado de buena educación y modales ejemplares que fue José Mourinho cuando metió el dedo en el ojo de un rival, ni habrá sanción alguna a Tito Vilanova por repeler esa acción, por lo visto nada punible, con una colleja. Pelillos a la mar. Agredir con alevosía y cobardía a un colega, faltaría más, queda impune por obra y gracia de Don Angel María, el residente, con r que no con p, de la Federación Española de Fútbol.

Dicen que el Barça no está feliz con el indulto al señor cuyo dedo señala el camino. Vaya por Dios. Fue más feliz cuando no compareció en la vuelta de las semifinales de la Copa del Rey, alegando no tener jugadores disponibles, tras haber perdido 3-0 en el Calderón. Entonces, lejos de no dejarle competir en la siguiente edición, como señalaba el reglamento, se le premió con una amnistía. Tampoco se puso triste cuando Villar, en vez de cerrar el Camp Nou por graves incidentes y lanzamiento de objetos al campo, decidió no clausurar el estadio, mientras que el todopoderoso Betis sí tuvo que afrontar el cierre. Para el pobre Barça, entonces feliz,  el castigo fue tremendo, severísimo: cuatro mil euros. Menos mal que está Villar ahí. Para impartir justicia, de manera modélica, sin hacer distinciones entre el potencial económico de unos y otros. Pobres Madrid y Barça. Menos mal que está Villar ahí para echarles una mano ante tanta injusticia y tanto complot del resto, eternos beneficiados por un sistema viciado que siempre, en caso de duda, perjudica a los que visten de blanco y azulgrana. Apenas cuentan con ayudas, sólo un reparto del dinero de las televisiones, un calendario programado en base a sus intereses, unos indultos a gusto del consumidor y algún día no muy lejano, quizá elección de árbitros a la carta. Pobres.

Rubén Uría / Eurosport

Foto: Ignasi Paredes, Diario Sport

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