Rubén Uría

El primer puñetazo lleva la firma del Madrid

Dos derrotas y un empate invitaron a José Mourinho a reclamar más tensión a sus jugadores, a forzar una necesaria terapia de grupo, a exigir catarsis colectiva. Sus jugadores le respondieron en el césped. Con intensidad y rabia, el Madrid ahogó la salida de balón del Barça, trabó el centro del campo azulgrana y apuñaló a los de Vilanova con balones a la espalda de una defensa que, esta noche, fue puro cartón piedra. Alfombra roja para los cañoneros. Primero anotó Higuaín. Después, Cristiano. Un martillo pilón golpeaba, sin cesar, la cara del Barça, tan desconocido como aturdido. Los de Vilanova no eran capaces de hacer un torniquete para frenar la hemorragia salvaje que sufrían en cada balón en profundidad. Desprolijo de la posesión, sin tiempo para pensar y sin respuesta para la tuneladora madridista, el Barça estuvo contra las cuerdas. Agresivo y voraz, el Madrid tuvo todo en su mano para hacer una carnicería, pero no supo ser Jack El Destripador. Y no lo fue por dos nombres propios: Higuaín, que disparó con escopeta de corcho toda la noche; y por Valdés, que intentó redimir su imitación de Pavarotti en la ida, con manos que salvaron los muebles. Con uno menos, por justa expulsión de Adriano, atropellado por la avalancha blanca y sepultado por sus imperdonables errores, el Barça estaba contra la pared. El Bernabéu olfateó sangre y fue entonces, sin venir a cuento, cuando el Real se olvidó de presionar arriba y dio su crónico paso atrás. Empezó a dejar pensar a Xavi, comenzó a replegarse y dejó aparecer a Jodri Alba y Pedrito. Consecuencia de eso, llegó el gol del Barça. En su primer disparo a puerta, Messi, de falta directa, castigaba al Madrid. Había partido.

En el segundo acto, con superioridad numérica, el Bernabéu barruntó problemas. Los suyos volvieron a desperdiciar ocasiones para ganar con contundencia y espoleado por eso, aún en inferioridad, comenzó a maniobrar al Barça, que activó su centro del campo y comenzó a tejer posesiones eternas. El Madrid dudó de sí mismo y el Barça comenzó a creer. La pájara de inicio culé mutó en precisión y el empuje blanco derivó en cierta zozobra. El Madrid perdió fuelle a pesar de tener uno más y se condenó a acabar sufriendo en un partido donde, de haber tenido puntería, pudo haber arrollado. De tal guisa que, cuando el Barça logró inclinar el campo y gobernar el choque, el perímetro de Casillas vivió momentos de inquietud. Antes, Higuaín, por enésima vez, perdonó. Luego debutarían Song, para dar un segundo aire al Barça, y Luka Modric, que a punto estuvo de marcar el primer día que vestía la blanca. Después llegaría el último arreón culé. Con Xavi y Messi al mando de las operaciones, hubo un toque de amargura para el Madrid, que sufrió ocasiones casi consecutivas de Jordi Alba, Montoya y Messi. El Barça murió en la orilla, condenado por sus errores infantiles. El Madrid se fue con la cabeza alta en términos de orgullo: siendo consciente de que podía haber hecho sangre y de que, al final, casi acaba en la enfermería. Mourinho tenía una asignatura pendiente ante el Barça: en cinco enfrentamientos ante Messi y compañía, en el Bernabéu, no conocía el triunfo. Ese trauma se acabó anoche. El Madrid de Mourinho, que pudo golear y acabó sufriendo, abatió al Barça para abrazar el primer título de la temporada.  Queda un mundo por delante, pero el primer puñetazo encima de la mesa lleva la firma del Real Madrid.

Rubén Uría / Eurosport

Últimos posts

Blogs destacados