Rubén Uría

Simplemente, el mejor

‘El mejor’ (The Natural), dirigida por Barry Levinson y protagonizada por Robert Redford, narra la singular vida de Roy Hobbs, una promesa del mundo del béisbol que acaba explotando su talento cuando la vida la concede una segunda oportunidad. Años antes de su éxito, tras una exhibición en una feria de pueblo,  Hobbs coincide en un vagón de tren con una misteriosa mujer encarnada por Barbara Hershey. El diálogo es el siguiente:

  • -          'Señor Hobbs ¿ha leído usted a Homero?'
  • -          'Si no es cronista deportivo, no'
  • -          'Verá, Homero murió hace mucho tiempo. Escribía sobre dioses y sobre héroes. Y si hoy hubiera estado aquí, habría escrito sobre béisbol'

Imaginen que Homero estuviese vivo y que hubiera seguido escribiendo sobre dioses y héroes. Si hubiera visto jugar alguna vez a Messi, habría escrito sobre fútbol. El argentino es, simplemente, el mejor. Con su cuarto Balón de Oro consecutivo, supera la triple corona de la santísima trinidad, integrada por leyendas del fuste de Cruyff, Van Basten y Platini. Ha logrado los cuatro últimos galardones y los tres del formato auspiciado por la FIFA. Su cuarta corona, la definitiva para zanjar cualquier debate, es la antesala de lo que está por venir, de los desafíos deportivos que esperan a quien ya no compite contra el resto, sino contra sus contra sus propios límites, si es que los tiene. Avalado por los votos de los seleccionadores, capitanes y periodistas, Messi representa esa estrella que refulge en mitad de cualquier batalla, un tsunami que en pleno vuelo. Mitad barrilete cósmico, mitad zurda de fuego, Messi convive en el panteón de los dioses sagrados del fútbol, junto a leyendas como Di Stéfano, Maradona, Pelé o Cruyff. Y no parece existir barrera, obstáculo o récord, por imposible que parezca, que sus arrancadas supersónicas no puedan eludir y que sus goles cósmicos no puedan desintegrar.

Quizá tenga menos mística que Pelé, aquel moreno que pateaba planetas y remataba meteoritos. Quizá no represente ese esforzado mito de Sísifo, encarnado por Alfredo Di Stéfano, ese hombre-orquesta que fue Atila vestido de blanco. Quizá no tenga la frenada en seco de Cruyff, aquel junco endiablado que tampoco besó una Copa del Mundo. Y quizá no tenga esa rebeldía suprema de Maradona, aquel del sueño del pibe que hizo campeón a un equipo pobre y fue el talento puro más divino. Quizá esos matices sean ciertos, no sean habladurías y respondan a la realidad, más que a la comparación eterna, tan injusta por el paso del tiempo como tentadora por la pasión que suscita el debate. Y quizá ninguno de todos ellos jugó tan bien y durante tanto tiempo seguido como este enano mortal de Rosario. Messi ha sido Pelé a todas horas, Maradona todos los días, Cruyff cada domingo y Di Stéfano en cada gran cita. Ningún genio ha añadido tanta regularidad a tanto talento. Leo es infinito. Messi es Messi. No admite comparación con nadie.

Habrá quien sostenga que este nuevo premio para Messi es una injusticia. Que deberían cancelar las próximas ediciones de estos premios porque ya no existe debate que valga y acabará quedándose sin espacio en casa para guardar todos los Balones de Oro que le quedan por ganar. Y habrá quien opine, de manera lícita, que una vez asumido que esta era le pertenece a Messi por derecho propios, habría sido justo premiar la calidad de otros campeones más terrenales, también dignos de reconocimiento. Nadie podría desmerecer la incuestionable candidatura de un futbolista descomunal como Cristiano, un atleta insaciable del gol con una ambición sin límites. Y nadie podría negar que también lo merecía Andrés Iniesta, el jinete pálido de Fuentealbilla, el hombre del pie delicado, el escapista que representa el majestuoso estilo del fútbol español que ha provocado la admiración del planeta. Sí, puede ser. Es posible que este cuarto Balón de Oro para Messi sea considerado por algunos como una injusticia. A mí me parece la injusticia más justa de la historia. De haber visto jugar a Messi, no tengo ninguna duda: Homero habría escrito sobre fútbol.

Rubén Uría / Eurosport

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