Rubén Uría

Tello & Messi, Desatascadores SA

No fue la noche más brillante del Barça en la Champions.  Es más, lo que parecía podría ser un crucero de placer ante un equipo menor,  estuvo cerca de convertirse en tragedia. El Spartak de Moscú, resguardado en su campo en forma de tortuga,  trató de contener la presunta avalancha azulgrana. Se encastilló en el área, pero fue capaz de ocupar bien las bandas y de robar balones para amenazar la espalda de la zaga local. Limitado pero serio, el equipo ruso levantó un muro humano hasta que Tello se fabricó su jugada favorita:  desmarque, control, recorte y disparo con rosca envenenada.  La teoría indicaba que sería una noche plácida para el barcelonismo, porque nada hacía presagiar que sería una noche de sobresaltos. Pero lo fue.  Primero se produjo la lesión de Gerard Piqué.  Sanitas le hará hueco junto a otros dos ilustres más, Puyol e Iniesta. Quebraderos de cabeza para Tito. A la baja de Gerard hubo que añadir la entrada de Song en el eje de la zaga. El africano, motor diesel y buen jugador, pareció fuera de posición en todo momento. Lento de reflejos, pesadote  de culo y desatento, invitó al Spartak a martillear su espalda con balones largos. Su pareja de baile, Mascherano, que suele ser una póliza de seguros, tampoco vivió su mejor noche.

El Barça dominaba, tenía la posesión y llegaba de vez en cuando con claridad, pero no acababa de imponer su ritmo apabullante. Faltaba algo. El público se empezó a inquietar cuando Dani Alves, en propia meta, estableció el empate. Era la primera llegada rusa y se tradujo en el primer tanto encajado por Valdés. Un murmullo recorrió el Camp Nou. Eso no aparecía en el guión del partido. El asunto se agravó cuando el Barça dio signos de perderse en la espesura rusa, sin saber encontrar espacios y sin poder encontrar a su brazo ejecutor, Messi.  Como todo era susceptible de empeorar, Adriano, Song y Mascherano pusieron alfombra roja en otra internada visitante.  Suficiente para que Rómulo, alma brasileña y currele moscovita, se regalase un gol en el Camp Nou justo el día de su cumpleaños. A la zaga culé sólo le faltó ayudarle a soplar las velas. Aviso a navegantes: la defensa del Barça concede demasiado. Un defecto a corregir, con urgencia, para futuros compromisos.

Con el crono apurando, el muro ruso en pie y en permanente atasco, Tello reivindicó su papel en el Barça con tanto arrojo como personalidad.  Se le metió una culebra por la cintura, logró quebrar a su par, ganó la línea de fondo y entregó la pelota en bandeja de plata para Messi, que ajustició para empatar a puerta vacía.  El Barça, hasta entonces aturdido, encontró entonces el segundo aire que le faltaba. Se lanzó al acoso y derribo, metió  la quinta velocidad, y contagió al Camp Nou de épica. Esa que gusta en Madrid y que no forma parte del ideario de un equipo poco acostumbrado a volcarse a la tremenda y buscar la victoria por arreones.   Así, contra natura, fue como el Barça encontró el tercer tanto. Alexis, revulsivo de última hora, centró al corazón del área y Messi,  que parecía desconectado, conectó un cabezazo que alivió al Camp Nou.  En una noche mate, sin velocidad de ejecución, sin soluciones para desactivar la tela de araña rusa y con demasiadas lagunas en la retaguardia, el Barça superó la adversidad gracias a dos desatascadores: el primero inesperado, Tello; el segundo, el de siempre, Messi.

Rubén Uría / Eurosport

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