Rubén Uría

Tongo: entre el honor y el medallero

España, fundida y desnaturalizada, acabó cayendo con más pena que gloria ante Brasil. Como ante Rusia, una gran selección. Como a punto estuvo de pasar ante Gran Bretaña, un equipo de medio pelo.  Los de Sergio Scariolo merecen críticas deportivas sinceras y directas: por falta de tensión en fases puntuales, por falta de atención en momentos clave y por falta de liderazgo ante la adversidad.  Pau Gasol, el líder espiritual de ese vestuario, está obligado a alzar la voz y enviar un serio aviso para navegantes. Sin actitud no habrá paraíso. Ni el presidente de la FEB, ni el seleccionador, ni los propios jugadores, pueden sentirse atacados ni ofendidos cuando se señalan, números en una mano y conceptos del juego en la otra, los males endémicos de un equipo destensado y desatento hasta ahora.  Mejor ser autocrítico que andar en la caza de presuntas cucarachas. La prensa tiene la obligación de contar, con profusión y detalle, en qué está fallando España. Su trabajo, en teoría, consiste en eso.  El de los jugadores, en unirse para mejorar. El del seleccionador, en estudiar y corregir. Y el del presidente, en ejercer de bombero y no de pirómano.  Nadie ha ganado más que ellos y nadie merece tanto respeto como ellos. Fuera y dentro de la pista.

Por otro lado, la derrota ante Brasil fue celebrada, con un entusiasmo delirante, por quienes abrazaron perder con Brasil deliberadamente, para evitar al ogro Estados Unidos.  Muchos lo celebraron como un triunfo personal, como si la ética de la suciedad fuera el artículo primero de una carta olímpica que ellos entienden no como un lema vital, sino como un simple rollo de papel higiénico. Rebozados en la sospecha, los mismos que jalearon a Gasol y compañía en anteriores citas, les colgaron la etiqueta de actores de serie B. Una parte de la prensa de este país, obsesionada con las ventas y más relajada con la moral, se pasó varios años 'vendiendo' que los nuestros estaban capacitados para derrotar a los yanquis de la NBA, pero, al primer revés ante Rusia,  barra libre de dudas. De tal forma que los avezados creadores del estomagante 'Soy español ¿a qué quieres que te gane?' pasaron, sin rubor alguno, a cuestionarse si España debía dejarse para evitar a Estados Unidos.  Eso sí que es un tongo. Uno como una casa. Entre el honor y el medallero, lo segundo era lo primero.

España cayó ante Brasil en un partido enrarecido y calamitoso. Suficiente para que los que habían esparcido el olor del estiércol disfrutasen,  porque ellos son aficionados a las medallas, no al deporte.  Fue su derrota más dulce, la de la falta de respeto.  España lleva 12 años en todos los cuartos de final de Europeos, Mundiales y Juegos, pero eso se desdeña. España fue oro en Japón y logró hacer temblar a los NBA, pero eso se desprecia.  Los palmeros del metal, a golpe de corneta , preguntaron, insinuaron y afirmaron que lo cool era dejarse. Algunos hasta lo aplaudieron, legitimando el hecho de poner precio a la dignidad del equipo. Como si una vez después de haberla perdido, el resto de españoles pudiéramos sentirnos orgullosos de ser representados por quienes se hubiesen prostituido. Hay quien sostiene que salir a ganar siempre es un acto de quijotismo, un brindis al sol, que no hay nada censurable en dejarse ganar.  Para ellos, palmarés va antes que honestidad.

Que se pregunten qué tipo de entrenador tendría el cuajo y la poca vergüenza de decirle a un equipo de alevines o cadetes que se dejasen ganar para evitar a un equipo mejor en aras de un trofeo.  Quizá les resbale el futuro del baloncesto, como el del deporte, porque sólo les interesa el del negocio. Ellos aprietan su indisimulado cordón sanitario a los valores, sin remordimientos y sin escrúpulos. Llevan  años convenciendo al personal de que España puede ganar a los norteamericanos. Y ahora, de repente,  cuando el oro les parece una quimera,  venden la teoría del tongo para no enfrentar a quienes, según ellos mismos, podían perder ante España. O mentían antes, fardando de término ÑBA, cuando decían que España podía con los NBA; o mienten ahora, cuando piden dejarse ganar para evitar a Estados Unidos.  Primero venden el pollino. Y si no rebuzna: agua, barro y basura, que crían buena verdura.  Incluso en Estados Unidos tienen más respeto por esta selección que en España. País.

Rubén Uría / Eurosport

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