Rubén Uría

De la vitamina Song a la memoria de Gamper

El Barça no es sólo su cantera. Cuando llega la ocasión, también tira de cartera. Y esta vez lo ha hecho con Alex Song, un todoterreno polivalente del Camerún que puede ser pivote defensivo, volante, interior y defensa central. Una pieza cotizada que no tiene denominación de origen La Masía y que ha sido la prioridad de elección de Tito Vilanova. Atesora grandes condiciones físicas, buen manejo de la pelota y sus números indican que es un pasador de garantías en los últimos metros. Si logra adaptarse con éxito al juego de posición del Barça, Song debería ser una alternativa a Busquets (como sustituto y como complemento) y  también el hombre indicado para llenar el vacío dejado por Keita. Una apuesta personal de Tito frente a la opinión de que el equipo necesitaba refuerzos de otra índole (un central de jerarquía, quizá un punta por si Villa no recupera su nivel). Vilanova ha optado por un jugador del que se espera que cumpla el perfil Mascherano. Alguien que se adapte, que juegue de todo, que se comprometa, que sepa ser hombre de equipo, que sea una segunda guitarra de lujo y que rinda, bien desde la titularidad o desde la suplencia. Su fichaje también encierra una clave física. Los actores principales de su Barça necesitarán un reconstituyente para el equipo cuando el físico no sea el mejor. De ahí la vitamina Song.

A ese vigorizante Song le sucedió un enervante Trofeo Gamper. Villar recauda con la selección española paseándola como si fuese la mujer barbuda y los operadores televisivos programan jornadas de Liga sin pies ni cabeza. Esas dos cuestiones han convertido el calendario en un campo minado y un atentado al sentido común. Prueba de ello fue la disputa de un Gamper donde el Barça contribuyó a un simulacro alineandoa los chicos del filial ante la Sampdoria. Conviene exculpar a los chicos de La Masía (cumplieron con dignidad) y también a Vilanova (obligado a lidiar un partido de Liga, un Gamper y Supercopa en cinco días), pero al margen de las fechorías de quienes programan un calendario con camisa de fuerza, Sandro Rosell está en la obligación de defender, con más vehemencia, la que fue la gran fiesta del barcelonismo. El fundador del Barça se merece que la directiva culé reclame o reivindique, con urgencia y a quien corresponda, una fecha libre para preparar, de manera digna, un trofeo que siempre fue la fiesta del club, no un agravio. La memoria de Hans Gamper no se merece otra cosa que no sea eso.

Rubén Uría / Eurosport

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