Voces desde Londres

Facturando reflexiones

Viajar sin equipaje de manos es todo un lujo, no han tenido que pasar cuatro años para darme cuenta de ello.  La competición puede ser un problema si perdemos lo que llevamos en él. Se permiten diez kilos pero estoy convencida de que siempre nos pasamos.

Los 4 Mallots (que desde que llevan cerca de 3.000 piedras)  pesan lo suyo, la pelota, dos pares de mazas, la cintas con sus respectivos palos saliendo de la bolsa y siempre con el cuidado de no metérselo a nadie en el ojo... ¡Y  los aros! Estos últimos son el centro de atención a la hora de facturar.

Las compañías aéreas siempre se empeñan en que los facturemos, pero cuando llegan unos Juegos ese problema deja de existir. Ni una pega, porque hasta la compañía aérea se siente orgullosa de nuestra representación. Luego está el dilema de dónde meterlos, porque pequeños, lo que se dice pequeños, no son. Así que los pilotos y azafatas acaban cediéndonos un espacio donde guardan las chaquetas de su uniforme.

Ayer, cuando pasaba el control del aeropuerto, recordé el momento en el que los policías y la gente del control te mandaba todos sus ánimos con la mejor de sus sonrisas. Eran las 7 de la mañana y no había casi nadie, todo estaba tranquilo, cada viajero con su ropa, y ningún tipo de euforia. Todo es muy diferente a la hora de subir al avión rumbo a unos Juegos Olímpicos.

Nada más aterrizar te das cuenta de que es la ciudad anfitriona. Sales después de recoger el equipaje y un montón de voluntarios igualmente equipados esperan a la salida para ofrecerte toda la información que necesitas. No importa que seas deportista o visitante, todos gozamos de ese privilegio.

Hoy, como cuando era deportista, tocaba día de adaptación. La diferencia de no ser deportista es que nadie me vino a recoger para llevarme a la Villa, era una visitante mas cogiendo el "Underground" porque dicen que el taxi sale muy caro rumbo a mi hotel.

Mientras viajaba en metro hacia el hotel, muy bien acompañada de mi marido, me di cuenta de que, como viene siendo algo habitual, los españoles allí presentes nos miraban. Siempre es uno/a el que primero se da cuenta de que la cara le es familiar, y acto seguido le pega al otro/a con el codo para que mire y terminan diciendo: "¿Ese no es el del Rosco?".

Desde mi retirada solo los más entendidos del deporte aún recuerdan mi hazaña deportiva, porque muchos otros saben quién soy sólo por el buen presentador que tengo en casa (¡qué voy a decir yo!). Quiero confesar que me emocioné al sentir la admiración con la que en esta ocasión  me paraban a mí en el metro de Londres recordándome lo que fui; y también cuando el grupo de gimnastas ucranianas que iban al entrenamiento, al verme,  hablaban entusiasmadas entre ellas con nerviosismo y una sonrisa en sus caras. Me hicieron recordar que en un momento de sus vidas yo les emocioné.

Asumo el momento de la vida en el que estoy, que lo que aprendí con el deporte está presente en cada una de las decisiones que tomo cada día. He vuelto a estar en el centro del espíritu olímpico y cargado de reconocimiento por lo que fui durante 21 años.

Solo espero que, si finalmente tenemos la oportunidad de organizar los JJ.OO. de Madrid 2020, la gente me pare por el metro y me diga que le ha emocionado mi trabajo como actriz.

Almudena Cid | Eurosport

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