El Bernabéu dicta sentencia con Cristiano

Inocente. El público madridista volcó todo su cariño al portugués en cuanto saltó al terreno de juego y no dejó de mimarle ni un minuto. Cristiano Ronaldo se llevó todos los aplausos de un estadio al que devolvió el cariño con un auténtico golazo cuando más se le necesitaba.

Ha sido el protagonista de la actualidad del Real Madrid en las últimas semanas, pero en el 'juicio' al que se sometió la tristeza declarada por el futbolista portugués faltaba una parte fundamental. La afición madridista no había tenido la oportunidad de intervenir en la controvertida situación que había creado el propio Cristiano Ronaldo, pero cuando le tocó el momento de hablar lo hizo dejándose la garganta.

Desde el mismo momento en el que la megafonía del Santiago Bernabéu citó el nombre de Cristiano Ronaldo en la alineación inicial que iba a enfrentarse al Manchester City, el estadio se inundó en aplausos. La afición respondió así a la petición que habían hecho anteriormente los jugadores blancos y el entrenador del Madrid, Jose Mourinho, quienes desde un primer momento se mostraron seguros de que el Bernabéu sabría valorar y entender a Cristiano Ronaldo y pidieron apoyo a la plantilla en un momento delicado de la temporada.

La ovación inicial no fue la única de la noche en la que se vivió un partidazo de Champions League en el feudo blanco. En cuanto Cristiano Ronaldo tocaba el balón la afición volvía a romper en aplausos. El luso contestó con garra ante el conjunto inglés en un encuentro en el que solo Joe Hart, guardameta 'citizen' pudo evitar que CR7 se diera un auténtico festín de goles. Para cerrar la fiesta del Real Madrid en una noche mágica, Cristiano se sacó un zarpazo que culminó la remontada blanca en una segunda parte loca. El gesto de felicidad del luso lo decía todo tras marcar el gol.

Cristiano Ronaldo fue una auténtica amenaza durante gran parte del partido en el que el Real Madrid cambió la cara mostrada hasta ahora al sacar la rabia acumulada en los últimos días polémicos. La plantilla necesitaba el apoyo de su público y la grada no falló. El Bernabéu, el jurado blanco más soberano, dictó sentencia. Cristiano no es culpable de ninguno de sus cargos salvo de hacer vibrar al público.