Bolt y Phelps: Explosivos y fantásticos

A esta hora, unos 500 deportistas se han lesionado ya en los Juegos Olímpicos. Es el peaje de esta gran competición.

Los esguinces de tobillo y las contracturas musculares son los vencedores en esta negativa competición, contrapunto a unos Juegos explosivos y fantásticos. Michael Phelps ha superado las expectativas. Su balance quita la respiración. Seis oros en Atenas, ocho oros en Pekín, cuatro oros en Londres. La barbaridad no está en la acumulación de medallas, que por supuesto es una barbaridad, sino en la inmensa capacidad de competir a ese nivel extraterrestre durante tres ediciones olímpicas consecutivas. Phelps ha roto todas las barreras. Desde luego, las físicas en la piscina, pero creo que especialmente las mentales. Algún día será superado y lo será porque ha abierto un camino que no existía: en Pekín nos dijo que superar al mito Mark Spitz no pertenecía al territorio de lo imposible; en Londres nos ha recordado que, además, es posible intentarlo de manera repetitiva, una y otra vez cada cuatro años. Alguien tomará su relevo, aunque no sabemos cuándo ni quién será y, probablemente, tardará mucho tiempo antes de que suceda.

Tras Phelps, Bolt. El COI anda listo. Ya en Pekín programó esa secuencia explosiva de fin de semana, con el final de la natación solapándose con el inicio del atletismo. El Phelps de los ocho oros pasó el testigo al Bolt del triplete en velocidad (100, 200 y relevo 4x100) con triple récord mundial. Aquello fue apoteósico. Lo de ahora ha sido atómico. Londres programó para el SuperSaturday nada menos que 25 títulos olímpicos, en una jornada que concluyó a las 00,57 del domingo, hora local. Con Phelps cabalgando las aguas en oro por última vez. Y recogió el testigo nuevamente Bolt, en un Domingo de la Bestia que cortó el aliento de medio mundo, entusiasmado con pronosticar quién vencería ese duelo sobre la pista mágica. El jamaicano, en peor forma que cuatro años atrás por sus problemas de espalda, no falló: volvió a recoger el testigo que le pasaba el tiburón estadounidense y ni siquiera la ausencia de récord mundial en los 100 metros (aunque sí plusmarca olímpica) pudo matizar una final apoteósica, de una contundencia aplastante, probablemente el evento deportivo seguido con mayor pasión por más gente a la que no le iba nada en la carrera. Phelps-Bolt, Pekín 2.0.