Brigitte Yagüe suma otra plata para España en taekwondo

Brigitte Yagüe tuvo que conformarse con la medalla de plata al perder en la final de -49 kilos ante la taekwondista china Jingyu Wu por 8-1. La española había hecho un torneo impecable, pero no pudo con su máxima rival, que revalida de esta forma el oro olímpico que logró en Pekín.

Yagüe, una atleta nacida hace 31 años en Palma de Mallorca, puso punto final a la mala suerte que le ha perseguido en los dos últimos ciclos olímpicos. En Atenas 2004 perdió el primer combate cuando no había cabezas de serie y en Pekín en 2008 se rompió una mano antes del Preolímpico. Londres 2012 ha sido la culminación de su gran carrera deportiva.

El combate comenzó con unos momentos de tanteo, pero pronto Jingyu tiró una patada a la cabeza de la de Palma de Mallorca, con la que sumó tres puntos. Brigitte no se vino abajo y buscó el peto de su rival, que en una contra se hizo con su cuarto punto antes de que finalizara el primer asalto. La que encontró el tronco de su rival fue la campeona olímpica y medalla de oro en los Juegos Asiáticos del año pasado.

En el primer descanso Jiungyu Wu ya tenía cuatro puntos de diferencia y en el segundo había aumentado a un 7-1, tras el único punto de la española en la pelea, un golpe al peto de su rival. Brigitte buscó entonces un giro con una golpe final a la cabeza, con el que conseguir cuatro puntos o el k.o de su rival.

"Cambia la guardia"

La mallorquina no veía la forma de doblegar a la china, a pesar de los gritos de su marido, Juan Antonio Ramos, olímpico en Atenas 2004 y Pekín 2008 que, desde la grada, le gritaba: "Cambia la guardia, Brigitte, cambia la guardia y 'mondolio' (una patada circular)". Pero la suerte ya estaba echada porque Jingyu Wu aun conseguiría un punto más en el cuarto asalto para cerrar el combate con 8-1 en el marcador.

Probablemente, Brigitte Yagüe, tres veces campeona del mundo, cierre con esta medalla de esta tarde en el pabellon ExCel de Londres su brillante y sufrida carrera deportiva en un deporte que a veces es cruel, pero otras es justo con aquellos que le dan ocho o nueve horas diarias de entrenamiento.