La URSS y EE.UU, en el partido del siglo

Las Olimpiadas de Munich de 1972 serán recordadas por muchas razones, pero deportivamente ninguna tan relevante como la gesta protagonizada por el equipo de baloncesto soviético, que se hizo con el oro, tras superar a los hasta entonces imbatibles jugadores estadounidenses.

Un partido estuvo marcado por la lucha entre las dos superpotencias que dominaban un mundo marcado por la Guerra Fría y que encontró en una pista de baloncesto una proyección para poder medir sus diferencias.

El equipo estadounidense llegaba a ese partido con que 63 victorias consecutivas y siete medallas de oro en los JJ.OO, desde que el baloncesto debutase como disciplina olímpica en Berlín 1936, mientras el conjunto ruso había caído en cuatro ocasiones contra los EEUU en finales olímpicas y estaba ante una oportunidad única de resarcirse y acabar con el poderío americano.

Aquella final tuvo un claro dominador, la URRS, que impuso su juego durante todo el partido y llegó a tener ventajas importantes que sin embargo no llegaron a ser definitivas: una defensa presionante de los estadounidense en un momento crítico logró nivelar el marcador.

A falta de solo tres segundos para finalizar el duelo, dos tiros libres pusieron a los estadounidenses por delante en el marcador (49-50). El técnico soviético había pedido tiempo muerto, pero sus jugadores no se apercibieron y pusieron el balón en juego. Cuando se detuvo el partido sólo quedaba un segundo para el final del duelo. Y los estadounidenses ya celebraban la victoria. El balón se pudo en un juego y con el pitido final el equipo de los EEUU ya estaban celebrándolo nuevamente.

En ese momento, William Jones, comisario de la FIBA, baja de la grada y argumenta que ha habido un problema con el crono e indica a los comisarios de mesa y a los árbitros que deben jugarse tres segundos más con posesión de balón para la URRS. Se reanuda el juego y Aleksander Belov recibe un pase y anota bajo el aro. Se había producido la primera derrota olímpica de la selección de baloncesto de los EEUU, en una final, televisada en directo y contra el gran enemigo comunista.

Esa misma noche se celebró una votación donde una comisión resolvió la validez de la victoria soviética, aunque la legitimidad de aquel comité dio mucho que hablar: fueron decisivos los votos de Cuba, Polonia y Hungría, entonces países afines a la Unión Soviética. Y los jugadores estadounidenses decidieron no acudir a la entrega de medallas como forma de protesta: aquellas medallas siguen en posesión del COE.