Liga - Camacho, el amigo de Madrid y Barcelona

Ignacio Camacho, centrocampista del Málaga, ha sido noticia en el partido contra el Barcelona por convertirse en un asistente de excepción de Leo Messi. Curiosamente, solo tres semanas antes había sido protagonista ante el Real Madrid por una acción muy similar.

Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma pierda, y el aragonense parece haber hecho suya esa máxima. No es difícil cometer el mismo error dos veces en el mundo del fútbol; lo complicado es repetir un error que le cueste un gol a tu equipo, y hacerlo en el plazo de tres semanas. Para colmo, frente a los dos rivales más mediáticos.

Junto a los espectadores que se dieron cita en La Rosaleda, millones de personas vieron como una cesión defectuosa de Camacho era recogida por Mesut Özil, que rápidamente metió un pase con el exterior de la pierna izquierda para que Karim Benzema batiese cómodamente a Willy Caballero. Aquella acción complicó el partido de los de Manuel Pellegrini, que ganaban 3-1 en el marcador y tuvieron que sufrir para llevarse la victoria por 3-2.

La historia se repite

Más impacto tuvo su segundo error. De nuevo en La Rosaleda, el Málaga recibía la visita del Barcelona, y desde el principio no le puso las cosas nada fáciles a los hombres de Tito Vilanova. Habían logrado aguantar el 0-0 durante casi media hora, hasta que en el minuto 27 Camacho recibió un balón en campo propio, y tuvo la feliz idea de cedérsele a su portero.

Ahí entró en escena Messi. El argentino, siempre alerta ante cualquier situación que le permita acabar introduciendo el balón en la portería contraria, salió disparado en dirección al esférico, ganando la carrera a Willy Caballero. Una vez allí, regateó al meta con un doble recorte hasta dejarle sentado antes de definir con la derecha a puerta vacía.

En esta ocasión, el Málaga acabó el partido con derrota. Y no es que la acción de Camacho cambiara indudablemente el signo del partido, ya que podría haber pasado cualquier cosa, pero es indudable que su error comenzó a condenar a los suyos, que acabaron perdiendo.