Selección española - Pep y sobre todo Mou, señalados en Asturias

La elección de Iker Casillas y Xavi Hernández tiene una segunda lectura que no deja muy bien parados a Jose Mourinho y Pep Guardiola. Los líderes de las aficiones de Madrid y Barcelona han recibido el premio por devolver la paz al mismo césped en el que sus técnicos sembraron la discordia.

El Premio Príncipe de Asturias de los Deportes 2012, otorgado a Iker Casillas y Xavi Hernández en una candidatura conjunta, supone la culminación de un proceso de paz futbolística que comenzó en la Supercopa de España de 2011, cuando la crispación existente entre el Real Madrid y el Barcelona, con Jose Mourinho y Pep Guardiola como ideólogos, alcanzó niveles preocupantes.

Aquel día, una entrada de Marcelo al final del partido se tradujo en una lamentable batalla campal que se saldó con multitud de agresiones por parte de cada uno de los bandos, y con la animadversión entre los eternos rivales alcanzando cotas históricas. Y no parecía que ni Jose Mourinho ni Pep Guardiola fuesen a encabezar el necesario armisticio.

Meses antes, tras la final de la Copa del Rey en la que el Real Madrid salió victorioso, ambos técnicos mantuvieron una agria polémica ante los medios. Mourinho había vuelto a acusar al Barça de recibir favores arbitrales, e ironizó con que Guardiola hubiese criticado una decisión acertada del linier. Aunque Pep quiso matizar que no criticó la acción, sino que quería expresar como un pequeño detalle cambia el signo de un partido.

"Él es el puto amo"

Sin embargo, en esa misma rueda de prensa el azulgrana abandonó su habitual mesura con una frase histórica: "En esta sala él es el puto jefe, el puto amo y no quiero competir en ningún instante.", explotó Pep en rueda de prensa. Unas declaraciones que aumentaron la tensión de forma progresiva hasta la ya mencionada Supercopa.

Ante eso, dos amigos inmersos en un clima beligerante que pretendía enfrentarles, decidieron poner fin a la situación y enarbolar la bandera blanca. Conscientes de que el clima de la Selección española se había enrarecido por el conflicto, se pusieron manos a la obra para tratar de devolver la situación a una sana rivalidad, que bajo ningún concepto debía traspasar lo puramente futbolístico.

Una llamada teléfonica lo empezó todo. Iker y Xavi se subieron a lo alto del muro y empezaron a derribarlo. Un año después apenas queda nada de aquel agrio conflicto, y no fue gracias a Mourinho y Guardiola. Sus pupilos les dieron una lección que el Príncipe de Asturias ha ratificado.