Thaïs Henríquez: "Las nadadoras sí notamos la crisis"

Nunca tienen tardes libres entre semana, pero Anna Tarrés, su entrenadora, les ha dado tregua cara a Londres. Aprovechando el resquicio, Thaïs Henríquez (Las Palmas, 1982) coge el teléfono y charla durante un buen rato. Fue plata en Pekín, pero avisa: "En Londres será difícil hasta el bronce".

Dos oros en Hungría. Es el mejor aval que lleva Thaïs Henríquez a Londres, donde competirá en natación sincronizada para intentar revalidar, como mínimo, la plata conseguida en los anteriores Juegos de Pekín. Para ello están entrenando en Barcelona de 8:30 a 14:30, descansan y vuelven a las 16:30 para cerrar la sesión a las 20:00; el 26 de julio, el día antes de la inauguración, vuelan a Londres. A sus 29 casi 30, la canaria reflexiona en voz alta sobre mil temas. Y casi le da el mismo miedo hablar de medallas que de posados...

-He oído esta mañana que habrá medalla segura en sincronizada. Igual os estamos pidiendo mucho...

(Suspira). Tener expectativas altas está bien, pero que se den por hecho ciertas cosas... Me parece gratuito, ganar una medalla no es fácil, nunca lo ha sido. Tenemos opciones, claro está, renovamos el equipo y seguimos en la élite mientras otros que sufrieron cambios no han podido. Ya nos ponemos nuestra propia presión, y estaremos satisfechas si lo hacemos bien y nuestra entrenadora nos lo reconoce. Los que ganan no son los mejores, sino los que mejor soportan la presión, ten en cuenta que en 4 minutos te juegas 4 años entrenando una media de seis horas al día. En Londres será difícil hasta el bronce, porque hay muchos países que lo dan todo para llegar a ello.

-Van a ser tus segundos JJ.OO. tras Pekín. ¿En qué has cambiado?

Los años dan experiencia, llevo además muchas competiciones importantes, mundiales, europeos... Además haber estado ya en unos JJ.OO. hace que sepa más o menos lo que te puedes encontrar. He ganado seguridad en mí misma, y puedo transmitirla al equipo, desde que acabé en Pekín he soñado con volver, por la experiencia, el ambiente entre los atletas, luchas muchos años por estar ahí y eso se respira. Pero lo importante es estar tranquilo y dejar la magnitud del evento en un segundo plano, no tenerlo tan presente y afrontarlo como una competición más, no dejarte desbordar.

-Tras el adiós de Gemma Mengual, imagino que alguna habrá cogido su testigo...

Quizás Andrea Fuentes, que fue compañera suya en dúo muchos años. Tiene muchísima experiencia, mucho talento, es trabajadora, humilde y un ejemplo para todos. Gemma fue quizás la primera más mediática, lo que vino bien, porque ayudó mucho (junto al equipo, claro) a proyectar la natación más allá, hacerla más conocida y no tener que explicar lo que hacemos cada vez que nos preguntan.

-Las nadadoras españolas son un poco como los años bisiestos, parece que sólo existen cada cuatro. ¿Frustra el trato de los medios a la natación?

Es decepcionante, porque te esfuerzas día a día y muchas veces hay hasta que dar gracias porque se acuerden de ti cada cuatro años. Pero por suerte, hay medios que sí preguntan cuando hay campeonatos del mundo o de Europa, y aunque no hay demasiado reconocimiento, es un logro que te busquen. Lo que es fuerte es que muchas veces te enteres de méritos de algunos deportistas por entregas de premios a las que acudes, y no por la prensa.

-Este año cumples los 30. ¿Serán tus últimos Juegos?

Bueno, ni tan siquiera llegar a Londres y aquí me tienes. Ya cumplí mi sueño en Pekín, y esto hay que planteárselo año a año, porque no pasan en balde, cada vez es más fácil lesionarse, más duro dedicar tantas horas... De momento me encuentro bien, tranquila y no sé qué pasará.

-Voláis a Londres el día antes de la inauguración. ¿De quién te acordarás cuando desfiles en la ceremonia de apertura?

De mi familia, siempre. Soy canaria y tuve que dejar mi casa muy pronto para entrenar, si quieres aspirar a algo, o dejas tu familia o dejas el deporte. Me vine a Barcelona en noviembre de 2002, con 20 años recién cumplidos, y sin el apoyo de los míos nunca, nunca habría llegado a nada. Es muy duro. La distancia, la presión, hay que ser muy fuerte, tener las cosas muy claras... O a la mínima te echas atrás.

-¿Nota la crisis una nadadora profesional española?

(Con rotundidad) Sí, la noto. Cada vez hay más recortes a becas, subvenciones... Prácticamente, si no ganáramos medallas ni avanzáramos y siguiéramos aspirando a premios por ellas, no comeríamos, no podríamos dedicarnos tantas horas a esto. Nosotras no recibimos un sueldo, los clubes no nos pagan una cantidad base como sí hacen con la natación masculina, por ejemplo, así que dependemos de los premios y subvenciones por medallas.

-¿Qué es lo más raro que te han propuesto como deportista?

Bueno, una vez la absoluta posó desnuda para una revista, pero yo no era titular por entonces. Es verdad que no se veía nada, pero... No sé. Otras veces también me han insinuado posados, sin que se viera nada, pero qué va, qué va. Ni de coña.

-En Londres abrirán con motivo de los Juegos el McDonald´s más grande del mundo. ¿Te pasarás o no?

Si la entrenadora nos ve pasar por allí nos corta la cabeza (ríe). Llevamos una alimentación ultra-pautada, con todo medido al milímetro. En Pekín en teoría había un pequeño puestecito de comida rápida dentro del comedor y muchos comían allí, pero yo personalmente prefiero la comida japonesa. Un helado de vez en cuando sí puede caer, pero hamburguesas, carnes y tal... No me seduce mucho.

-La última, no por ello la menos importante. En Londres se repartirán 150.000 condones entre los atletas. ¿Cuántos usarás tu?

¿Yo? ¡Ninguno! El equipo está allí para competir y nada más, somos como una secta abducida por la entrenadora (ríe). En Pekín terminábamos a las doce de entrenar y nos levantábamos a las seis, así que... Ni aunque quisiéramos. No, en serio, somos profesionales y allí vamos a lo que vamos.