Vídeo: Puntazo de 31 golpes en la final

Rafa Nadal no pudo revalidar su título en el US Open, tras perder ante Novak Djokovic por 6-2, 6-4, 6-7(3) y 6-1, perdiendo por sexta vez en lo que va de año una final ante el tenista serbio.

A veces el tiempo termina poniendo las cosas en su sitio, o no. A Nadal se le había atragantado Djokovic. Un tenista aparentemente inquebrantable al que parece haberle tocado la mano de Dios desde que arrancó el 2011. Cinco finales disputadas ante el español y cinco finales ganadas por K.O, aplastamiento y desde una superioridad insultante.

Tras el increíble partido de semifinales del serbio ante Federer, la sexta presentaba una nueva ocasión de vendetta. El español iba de víctima. El balcánico llegaba armado hasta los dientes, decidido y en plan Terminator. Sin embargo, el sentimiento de venganza del balear parecía no existir en sus declaraciones previas. Dormido, aletargado y en plan Bambi, Nadal optaba por ir de mártir y se encomendaba a la sorpresa.

Hacía sólo un año, en esta misma pista y en otra final del US Open, el mallorquín le había hincado el diente hasta el tuétano al mismo rival. Le destrozó con una salida en tromba, marcando el duelo con un ritmo frenético, asfixiante. Una intensidad que sorprendió a Djokovic y que Toni Nadal auguró como clave para poder repetir la hazaña unas horas antes del partido. Y así fue. Aunque tristemente sólo en el tercer set.

Tras caer en las dos primeras mangas, Nadal sí salió a la pista soltando navajazos, a lo bestia. Con un sentimiento de venganza, de reparación personal. Una vendetta marcada a fuego en su memoria. Un sentimiento que viene, deduzco, del tiempo en que nuestros antepasados salían de la cueva dispuestos a destripar a un Mamut con tal de poner comida en la mesa. No podía ganar de otro modo. Lo demás eran milongas y paridas de Telediario edulcorado. Nadal ganó ese tercer set con sus entrañas y a dentelladas, pero no le dio para más.

Luego volvió el Djokovic todopoderoso, que supo parar el partido aludiendo problemas físicos y que destrozó al español en una cuarta manga demasiado clarificadora y algo sonrojante. No sólo no hubo venganza, es que el serbio volvió a mostrarse muy superior a unNadal que sale de Nueva York hundido mentalmente.

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